Me despierto en la madrugada por octava vez y tu recuerdo en mis sueños me engaña a pensar que todo está bien.

Tic. Tic.

El reloj no se detiene. Salgo al balcón y afuera sigue oscuro. El cielo pareciera estar en el equilibrio justo entre la noche y el día. No hay estrellas, y no sé si volverán.

Tic. Tic.

En un pestañeo pasaron dos horas, mil horas. Intento dormir para verte y me despierto nuevamente ansioso.

Tic. Tic.

Imagino en donde estás, pero no te encuentro. La cama gira alrededor mío y en momentos siento que se me escapa el aire en un suspiro. Y pienso y fantaseo y siento que se desprende de mí para ir contigo. ¿Lo sientes?

Tic. Tic.

Afuera el mundo ya amanece pero aquí todo sigue dormido. Reviso inutilmente mi celular sólo para ver que él también te extraña.

Tic. Tic.

Un beso de tu boca se resbala por mi cuello y baja al infinito. Te siento aquí tan cerca y mis brazos no te dejan ir. Susurro unas palabras a tu oído pero nada escuchas, mas sé que lo grito, y en cada letra que se desarma va mi vida intentando buscar tu sonrisa. Y culpo al tiempo sabiendo éste que soy yo el equivocado. Y discuto con él, pero sólo dice Tic. Tic.; y no me quiere oír, y mientras más hablo el sólo dice Tic. Tic. Sus palabras son tan cortas y precisas que intento hablar su idioma y digo Tic. Tic.; pero se detiene el reloj para ya no avanzar. Seis veinte.

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