Hoy no quiero escribirte lágrimas en las mejillas ni quiero inundar de pesadillas mis letras. Hoy quiero hablar de ti y de mí pero no de mí sin ti porque ya fue suficiente. Ya no estoy para eso.

Quiero hablarte tan sólo al oído sobre aquel miércoles de abril cuando por primera vez te vi sentada en una banca de la plaza que poco tiempo después se convertiría en nuestro lugar. Quiero dibujar en esta libreta tu cabello liso, castaño-casi-negro, y la silueta del perfil de tu rostro mientras le sonreías a un tal no-sé-quién y de reojo tus sueños y anhelos volteaban hacia acá como buscando juntarse con los míos.

Hoy quiero recordar tu primer día frente a mí, conectando palabras conmigo como dos piezas a la medida de un puzzle que sólo nosotros conocemos. Quiero sentir tus abrazos y repasar por mi espalda ese escalofrío repentino que me recorrió al tomarte de la mano y por fin sentirme vivo. Quiero escribir en estas hojas acerca de tu sonrisa color verano y de cómo con ella llegaste a mi vida de manera tranquila, silenciosa, hasta que un estruendo rompió con la monotonía absurda de mis días.

Hoy quiero tomarte nuevamente de la cintura y verme reflejado en tus ojos marrones, profundos, rodeados de aquella luz que ni siquiera sabía que existía. Quiero subirme al coche y conducir a tu lado, siempre atento a la posición de tu cuerpo: tu cara un poco inclinada, tu brazo recargado en mi asiento y tus dedos caminando lentamente de mi cabello a mi cuello, mientras yo te robo el aliento. Quiero saborear tus labios crema después de correr tras de ti por la oscuridad de la calle, como en esas películas que ya no se hacen, hasta lograr alcanzarte y de un giro plantarte en la boca mis ganas sedientas de amar.

Hoy quiero olvidar la fugacidad de nuestra historia y cambiarla por ese instante infinito en el que provocabas un gesto en tu rostro cuando al final de cada palabra pronunciabas un poco de música y dejabas entrever tu divertida forma de hablar.

Justo ahora lo único que quiero es llenarme de ti y de nosotros, porque ayer, sin esperarlo y después de tanto tiempo sin verte, dormí soñando con tu nombre, tu rostro y tu voz, y hoy me desperté sonriendo con este deseo inmenso de escribir-te.