Me miro en tus ojos y el mundo de pronto es nada.
Apago mis ganas y extingo ese ímpetu de sentir tu mano y no soltarla.
Recorren mi piel tus besos pero no existen.
Intento en vano olvidar que te fuiste.
Sonrío al presente pero el pasado me abruma.
Oculto tu nombre detrás de la luna.
La misma luna. El mismo cielo.

Te veo frente a mí y tus labios se mueven sin hablar palabras.
Por fuera eres la misma pero no te conozco.
Y te busco y repaso mis recuerdos.

Qué diferentes son las cosas hoy que te irás, sentados en el mismo lugar en donde fuiste mía por primera vez. Sé que te vas ahora y por dentro mi alma grita esperando que me escuches. Veo el color de tus iris y me inundo de angustia; y quisiera regresar los días, reparar los daños, revivir al sentir tu boca y conquistarla una vez más. Te despides de mí pero no te mueves. Y te abrazo. Y me abrazas. Te aprieto fuerte y me aprietas fuerte. Respiro tu aroma y me enamoro de ti. Y no te dejo ir. Y no me dejas ir. En ese momento es octubre y es cuatro. Te abrazo como te abracé aquel día para no perderte. Tomo aire para llenar mis pulmones de ti. Deseo morir para no desprenderme de tu esencia y así tenerla conmigo por siempre. Y te abrazo. Y me abrazas. Y no te dejo ir. Y no me dejas ir. Te beso en la mejilla. Otra vez. El tiempo se vuelve infinitamente corto. Persigo los segundos que se me escapan. Sé que quizá no vuelva a verte jamás, ni a tenerte, ni a besarte. Me separo de ti. Justo entonces me tomas. Y te abrazo. Y me abrazas. Y no te dejo ir. Y no me dejas ir. Vuelvo a respirarte y me vuelvo a enamorar. Llegó la hora. Hoy te marchas y no volverás, mientras yo me quedo solo con la impotente memoria de nuestros días. Y te veo ahí de pie frente a mí, tan hermosa como cuando entraste en mi vida y me atrapaste con tu sonrisa. Y hago lo posible por regresar ahí pero desaparezco en el intento. Y veo tus labios y de pronto tengo sed de ellos.Y te beso. Y te abrazo.Y te respiro. Y no te dejo ir. Y me besas. Y me abrazas.Y me respiras.Y me dejas ir.