Chiquilla, no llores más. Si cierras los ojos verás que aún sigo aquí, junto a ti. Prometí no marcharme y no lo haré. Mi corazón está contigo y yo, también. No sé ni quién eres, niña hermosa, pero puedo invitarte a volar y a descubrir que me quieres.

Aquí me ves, y aquí estoy, donde siempre, a tu lado. He estado buscando tu corazón para que me despierte, para que me haga salir y volar y para sentir e imaginar una vez más. Todo lo puedo dar porque ya siento que te necesito, que eres parte de mí. Para estar acá hay más razones que estrellas, más sonrisas que ratos amargos y sí, más amor que dolor.

Puedo saber sin preguntarte que tu corazón está tan partido como el  mío, que de lo que me resta no se junta ni un suspiro, pero también sé que no te haré soñar. ¿De qué sirve hacernos soñar si lo dejamos en eso, sueños?

Te quiero dibujar realidades, con un presente fabricado fielmente a tu medida, pintando con dulces acuarelas un futuro juntos, con tonos tan brillantes como tu sonrisa, con la profundidad de tu mirada antes perdida, con paisajes llenos de flores, con la luna encendida, de dos y mil colores.

Mi mano también está aquí, entrelazada a la suavidad de la tuya. Cuando quieras caer, cuando sientas perder, cuando la vida sea lo suficientemente injusta como para hacerte llorar, la tendrás ahí, sujetando tu brazo con más amor que ayer, pero mucho menos que mañana.

Tus brazos alrededor de mí, un beso y una broma que te provoque una nerviosa risilla. Mis brazos alrededor de ti, un te amo y una voz susurrándote una cancioncilla. Y así los dos, sin frío, sin miedo, sin dudas.. Porque si estás acá, conmigo, nada me falta, y si estoy allá, contigo, haré que nada te falte.