Voy buscando una razón y no la encuentro. Por mi mente hay dos lágrimas dibujándose que, tres te-extraños después, logran reflejarse en mis ojos, recorriendo lentamente mis mejillas, cayendo cuatro segundos que son horas, cinco pies que son basura, hasta tocar el suelo.

Sobre el mismo sitio estoy parado, viendo los días ser noches y las noches ser estrellas fugaces, descontando juntas lo poco que aún tengo dentro. Esté feliz, enojado, o yo qué sé,  tu recuerdo termina por volver, y eso es lo triste. Quiero tener algo para darte, y las mil piezas de mi corazón ya no encajan. Besarte me desata mientras tu voz diciendo te-quieros anuda mi garganta. Así pasa el tiempo aquí adentro, sin saber qué hacer conmigo y buscando algo que me diga qué hacer contigo, con tu luz y con tu sombra, con las dos caras de tu moneda; algo que se apiade y le dé un mínimo significado a mis sentidos, una forma de ordenar mis palabras.

Si estuvieras aquí todo iría tan bien. Si pudiera tomar tu mano cuando más la necesito. Si los días fríos vinieran acompañados de tus brazos. Si tu hombro estuviera aquí para curar mis lágrimas. Si tu voz fuera mi canción de cuna en las noches. Si pudiera dormir sabiendo que aquí te vas a quedar. Si tu mano estuviera aquí para levantarme. Si tus labios susurraran eso que tanto necesito escuchar de ti. Si cada amanecer estuvieras aquí, al alcance de un beso. Si en realidad estuvieras aquí… Si tan sólo estuvieras aquí, estoy seguro de que todo iría tan bien.