Ilusiónate, vive tu vida y pretende ser feliz. Sígueme destruyendo y acaba con todo lo que aún queda de mí, de tí, de nosotros.

Sonríe cuando pienses en mí, cuando recuerdes cómo me arrodillé a tus pies más de una vez y cómo lloré tu partida, intentando borrar tus pasos que te alejaban cada día un poco más.

Besa los labios de alguien más y convéncete de olvidar mis besos, mi entrega, mientras yo sobrevivo con el último suspiro que dejó tu presencia.

Duerme y suéñate en otros brazos. Llena tu mundo de fantasías inútiles, las mismas fantasías e ilusiones que tuviste conmigo y que tarde o temprano desaparecieron por culpa de tus ambiciones, tu baja autoestima y tu egoísmo.

Disfruta cada momento, cada pensamiento y cada falsa esperanza, porque el mundo sigue girando y va a llegar el día en que comiences a vivir mi llanto, mi coraje, y esta gama inexplicable de sentimientos de mierda que te quieren desaparecer. Vas a sufrir y mi tristeza se hará tu tristeza. Tu mente se va a llenar de recuerdos, de mi voz, de mi aroma, y vas a extrañar mi estúpida costumbre de enamorarte y de llenarte de palabras hermosas y cursilerías que hoy en día devaluaste. Tu vida va a estar vacía. Tus días se harán noches eternas y en tu corazón no va a brillar sol alguno. Te vas a derrumbar lentamente de la forma más dolorosa y tu corazón se va a endurecer para no querer sentir nuevamente.

Vas a llorar. Vas a sentir morir. Y sin embargo, mi hombro siempre estará ahí esperándote, para que cuando más le falte magia a tu vida tengas la confianza de apoyarte en él y de ilusionarte nuevamente con eso que hoy detienes: mi vida.