Miento si te digo que estoy bien y que en las noches ya no pienso en tí. Me quitaste mi inspiración y mis sueños. Te llevaste mis ganas de vivir y mis ilusiones; mis palabras, mis sentimientos, mis lágrimas, todo se ha ido tras de tí y tú ni en cuenta, todo te importa un carajo. No sé cuánto tiempo puedo fingir que estoy bien, que nada pasa, mientras, sigo engañándome a mí mismo pensando que todo estará mejor. Te detesto. Quiero gritarte, maldecirte por todo el desprecio que me causas. Quiero que sufras, que llores y que tus días se vuelvan oscuros como los míos; que sientas morir mientras a mí me importe una mierda lo que contigo pase.

Y sin embargo me muero por abrazarte, por besarte y por recordar tu sabor, tu olor y tu voz en una llamada tan solo una vez más. Eres mi mundo y por más que intento no te puedo sacar. Cada segundo de silencio recuerdo tu voz. Cada minuto de soledad recuerdo tu presencia. Mis días se tratan de tí, de luchar sin armas, de pelar sin fuerza contra algo imposible. Tus sueños son mis pesadillas, tus días son mis noches y tu felicidad, por más que lo evito, es mi agonía, y no me queda más que conformarme con creer que cualquiera sea mi maldito destino será mejor que esto. Desapareciste cada cosa que era especial en tí, y mientras, yo sigo cayendo y sigo hundiéndome, levantando mi brazo y soñando que un día de estos llegue tu mano a levantarme una vez más.