Perdí todo control sobre mí y simplemente me fui acercando a tí; temblaba, pero aún así la distancia entre nosotros se aminoró por mis cortos e imprecisos pasos que intentaban estar a tu lado. Y llegué a estar a una distancia en la que la más ligera brisa de aire que corría moviendo tu rizado pelo taheño hacía enloquecer a mis sentidos al percibir ese aroma tan característico de tí.

No sé que hacer, no por el miedo, no por la pena, ni por lo extraño de estar acariciando tu lene piel, mientras imagino estar tocando con mis labios una de tus bonitas pecas. Te visualizo como una aún más perfecta réplica de la mujer ideal. Tomo con fuerza tu mano color nácar y puedo darme cuenta de que hay algo entre nosotros dos. De mis ojos surge una mirada que te recorre, y extrañada preguntas ¿qué pasa? ¿cómo te sientes?… Y pienso… ¿Qué te puedo contestar? ¿Cómo se supone que debería sentirme sabiendo que estoy sujetando entre mis brazos a esa felicidad que buscaba?

Así me siento; estoy confundido porque no cabía en mí pensar siquiera en la ínfima posibilidad de encontrar esa ternura que tanto me hacía falta. Me siento con ganas de gritar, de poder agradecerte esas pequeñas explosiones de emoción que me haces vivir cuando me acaricias con tu risa. Y aunque sé que eres totalmente diferente a mí me siento como nunca enamorado de tí, me siento feliz.

taheño: rojizo
lene: suave
ínfimo: escaso