Este poema no es para ti,
no, no es para que lo leas.
Es para tu corazón,
para que no me olvide,
cuando me veas.

Estas letras no son para ti,
no, no son para mi Dulcinea.
Son para tu corazón,
para que siempre me recuerde,
donde sea que esté yo.

Estos versos no son tuyos,
no: son míos, no los doy.
Y cuando tu corazón los lea,
que sepa que te quiero,
pues por él yo todo soy.

Estas palabras tan hermosas,
no son tuyas sino de ella.
Son de esa bella doncella,
que a mi alma sin sentido,
hace tiempo la inspiró.

Esta imagen en mi escritorio,
no es tuya sino mía.
Y esa mía eres tú.
Eres tú mi apasionada,
y eres tú mi plenitud.