Y sigue igual, pensando siempre en lo mismo, ¿por qué he de ser yo quién sufra ésto?
¿Acaso es destinado en mí vivir y pasar por estos momentos? Sí cada momento que pasa, es un mundo infinito pensando en su cara, con su voz en mi mente como una canción cuando eres niño, una de Tatiana, intento refrescar esa suave memoria, ese ligero aroma y pequeña sensación de que estás ahí, pero minuto tras minuto se va olvidando esa ternura y la tristeza y miseria llegan para apoderarse de mí. Cada momento es un sube y baja de emociones, un segundo feliz y un minuto confuso, una hora pensando sí son todos malentendimientos, si todo es un sueño y es una vaga ilusión, y de ser así preferiría nunca despertar y enterarme de una realidad que me persigue como un cazador a la presa.

Si cada gesto de tu cara, si cada mirada cruzada con la tuya, si cada sonrisa, cada conversación es todo un nudo de errores dispuestos a darte un golpe y caer de la nube tan alta, de la nube que día con día parece que baja al no tener la fuerza para mantenerse arriba, esas fuerzas que desaparecen y vuelven a llegar, días en que a punto de llegar al espacio están.

Cada canción, cada letra, cada palabra me impactan y hacen dudar de la confianza, confianza de mierda que me tiene maniatado a una decisión, pero ¿cuándo sabré qué es esa decisión?, ¿cuándo sabré lo que tu quieres o lo que tu piensas? Si no tengo el valor de ir y plantarme y decirte “Hola”, decirte “Como estás?”, tomarte de las manos y decirte cuánto me gustas, cada tarde, cada noche en la cama pienso y me armo de valor para ir y saludarte, pero al momento de estar ahí me gana la pena, vergüenza, duda, desconfianza, que día a día se apoderan más de mí.

Y te volteo a ver a lo lejos…